Volando se va mi niña, volando.
Va como las golondrinas, rompe el cielo con su risa e ilumina las calles de París. Y durante unos días la ciudad de la luz va a ser un poco más luminosa si cabe.
Así que si te cruzas con dos ojazos negros por los Campos Eliseos no te enamores, esta golondrina tiene que volver.