Sube, baja, sopla, ruge.
Nos quiere arrancar los
malos pensamientos. Pero somos un mal pensamiento en nosotros mismos. Es
nuestro interior el que esta podrido. Lo soportamos a duras penas con la piel
que curtimos con cremas y aceite para que no traspase el hedor.
Todas las palabras han
sido dichas antes, solo vivimos de las sobras del principio de los principios.
Sin una guía ni una meta en nuestro torpe transcurso por este tramo del tiempo.
Ni siquiera sabemos donde estamos.
No podemos mirarnos en los
ojos de nadie, están vacíos. Pero los niños aún mantienen esa puerta que no nos
atrevemos a cruzar. Pero los echamos al mar.